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“Y Dios le habló a Moisés”

Artículo 924, 1955

“Y Dios le habló a Moisés y le dijo: Yo soy El Señor”.

Debemos comprender qué nos expresa este versículo. Parece ser que se refiere a la pregunta de Moisés que aparece al final de la Parashá Shemot, que dice: “Desde que me presenté ante el Faraón y le hablé en Tu nombre, no ha hecho más que maltratar a este pueblo, que es tu pueblo. Y no has hecho nada para librarlo”.

La cuestión que Moisés planteó era que mientras se les dijo que había que trabajar en el estado de Lishmá (en beneficio del Creador), todos pensaron que al ser un trabajo más intenso, en él se fortalecerían, mientras que de hecho ocurrió lo contrario, que se debilitaron en el trabajo.

Por lo que clamaron a Moisés: ¿qué beneficio nos has hecho? Nos prometiste que saldríamos del exilio de Egipto, y que mediante el método que nos diste de trabajar Lishmá, nos liberaríamos de la esclavitud del cuerpo, llamada Faraón. Y ahora no tenemos combustible. Por lo cual nuestra razón nos obliga a no aceptar el propósito sublime que tienes en tus manos.

La respuesta a esto es: “Y Dios le habló a Moisés”. Dios es el estado de naturaleza, y a nivel del estado de naturaleza, tienen ustedes razón en decir que no tienen combustible para continuar su trabajo. “Y dijo a él: Yo soy Dios” – Dios es la medida de Rajamim (misericordia), que por su parte puede atraer fuerzas y combustible por encima de la naturaleza y por encima de la razón. En esto no tienen ya de qué discutir, ya que la discusión del hombre es solamente en términos de la razón. Sin embargo, por encima de la razón todo puede ser, solo necesitamos superarnos en el estado de fe, para que el Creador pueda ayudarnos por encima de la naturaleza.

En realidad, mientras uno acepte que algo está dentro de la naturaleza, es imposible aceptar ese algo por encima de dicha naturaleza. Solo después de alcanzar el desaliento en lo que a la naturaleza repecta, puede uno pedir que los cielos le ayuden por encima de ella.